LA VERDAD SOBRE EL GOBIERNO DEL PRESIDENTE MENEM

Jueves, 13 febrero, 2020 11:53PM

LA VERDAD SOBRE EL GOBIERNO DEL PRESIDENTE MENEM

I.- Introducción

Respondiendo a la amable invitación de la publicación Reflexiones Políticas he elegido el tema indicado en el título, para echar algo de luz y responder a las feroces críticas que se hacen desde distintos sectores políticos y periodísticos, en un proceso de demonización de ese gobierno en base a falsedades  u omisiones para tergiversar la realidad y los hechos del ciclo más exitoso vivido por el país desde la vuelta  de la democracia en 1983.

El falseamiento de la verdad no solo es injusto sino que a veces inhibe a los gobernantes de adoptar ciertas medidas que había dispuesto el Presidente Menem en su momento para salir de la tremenda crisis en que había recibido el país, con la hiperinflación más alta en nuestra historia y un estado de caos económico y social sin precedentes. Más aún, tienen miedo hasta de aludir a algunas de las políticas y logros indiscutibles de aquel gobierno, para no ser calificados de “políticamente incorrectos”. Por razones de espacio me limitaré a sintetizar algunos aspectos de lo sucedido en nuestro país entre fines de la década de los ochenta y durante la estigmatizada década de los 90.

II.- La transición de Alfonsín a Menem

Las elecciones para el recambio presidencial que debían haberse realizado en octubre de 1989, fueron adelantadas por el gobierno radical al 14 de mayo de ese año, en razón del creciente deterioro que venía experimentando este gobierno a raíz de la  grave situación económica y social que se fue incrementando a partir del año 1988, luego del triunfo justicialista en las elecciones intermedias de 1997 y el fracaso de los planes Austral y Primavera que había puesto en ejecución el equipo económico del Presidente Alfonsín. Ese adelantamiento tenía el propósito de evitar que se siga deteriorando la imagen del gobierno radical, considerando que en octubre la situación iba a ser peor que en mayo, perjudicando las chances del candidato presidencial del radicalismo Eduardo Angeloz.

Pero como se dice vulgarmente “el remedio fue peor que la enfermedad”, porque después del triunfo de la fórmula justicialista la crisis se agudizó aún más, con el inconveniente de que había que atravesar una transición de casi cinco meses hasta la trasmisión del mando fijada para el 10 de diciembre.

Ante ese estado de cosas y habiéndose tornado inmanejable la situación, el Presidente Dr. Raúl Alfonsín y el Vicepresidente Dr. Víctor Martínez decidieron renunciar a sus cargos y adelantar la entrega del poder, toda vez que ya había un Presidente y un Vicepresidente electos. Corresponde aclarar, para desmentir las afirmaciones con mala fe que formulan algunos detractores del Presidente Menem, que aquella decisión de renuncia anticipada, fue “notificada” a las autoridades del justicialismo después de adoptada y “no acordada o pedida” por ellas. Lo que sí fue posteriormente convenido fue la forma, las condiciones y la fecha  en que se realizaría la trasmisión del mando presidencial, porque los renunciantes querían que se concrete cuanto antes, proponían el mes de junio, y los electos necesitaban de un tiempo razonable para poder formar el gabinete y elegir a los funcionarios de las áreas más importantes.

Uno de los principales temas que había que acordar, además de la fecha que finalmente fue establecida para el 8 de julio, era la situación de los diputados electos juntamente con el Presidente Menem y que no podrían asumir sus cargos antes del 10 de diciembre, fecha en que terminaban los mandatos la mitad de los legisladores, en tanto que el Presidente electo necesitaba contar con la mayoría de los que ingresaban para poder sancionar en forma urgente las leyes que eran indispensables para enfrentar la crisis.

Para solucionar este último problema los representantes parlamentarios y políticos del justicialismo y del radicalismo llegaron a un acuerdo y suscribieron un acta (una de cuyas copias obra en nuestro poder, en virtud del cual los legisladores radicales se comprometían, hasta el 10 de diciembre, es decir la fecha en que asumirían los nuevos legisladores, a facilitar la aprobación de las leyes que propondría el gobierno justicialista. Podemos dar testimonio de que dicho acuerdo fue respetado por el radicalismo, aun cuando en algunos casos votaron en contra varias de las leyes promovidas por el nuevo Presidente de la Nación o se abstuvieron de votar, ausentándose del recinto para que el justicialismo pudiera aprobar dichas leyes.

De esta forma queda totalmente desvirtuada la acusación de los que afirmaron que el Presidente Menem, había obligado prácticamente al Presidente Alfonsín a adelantar la entrega del poder, cuando lo que en realidad este quería era desprenderse del cargo lo más rápido posible, mientras que el Presidente electo necesitaba más tiempo para formar lo que sería su equipo de gobierno y conocer más a fondo y con mayor precisión la información sobre la situación del país. Los que se basan en lo manifestado en aquella oportunidad por el Presidente electo, respondiendo a un requerimiento  periodístico sobre si estaba en condiciones de asumir el gobierno, no podía ser distinto a una respuesta afirmativa, porque si decía lo contrario iba a trasmitir una sensación de debilidad que en nada iba a ayudar para manejar la tremenda crisis que se abatía sobre el país, es decir se podía producir el fenómeno conocido como el “pato rengo” cuando se necesitaba todo lo contrario, es decir reflejar condiciones de seguridad y fortaleza.

III.-Estado en el que recibió el país el Presidente Menem

La decisión del Presidente Alfonsín de adelantar en casi 6 meses la trasmisión del mando, además de ser inédita en la historia nacional, era reveladora de la grave crisis que sufría nuestro país  y que se le había tornado inmanejable al gobierno radical.

Con una hiperinflación que había ascendido al récord histórico del 4.923,6% en los precios al consumidor  durante el último año, con ínfimas reservas en el Banco Central, con un déficit energético que obligaba a frecuentes cortes de luz, al punto tal que se llevó a limitar a 6 horas las trasmisiones de televisión, el incremento de los índices de pobreza y de indigencia, sin crecimiento económico, las enormes pérdidas que arrojaban las empresas del Estado que prestaban servicios públicos que además en su mayoría eran de pésima eficiencia y calidad, etc., el panorama era desolador. Todas esas falencias habían generado una tensa situación social y económica que derivó en desórdenes generalizados en las calles, con enfrentamientos que provocaron víctimas y los consabidos saqueos en comercios, sobre todo los que vendían alimentos.

Algunos índices que consigna Jorge Castro[1] , más las circunstancias precedentemente expuestas, evidencian la magnitud de la crisis: entre 1983 y 1989 la economía en su conjunto se achicó el 3,7%  y el consumo en un 2,6%. Los déficits operativos de las 13  empresas públicas más grandes, según un informe del Banco Mundial de 1989 eran de 3.800 millones de dólares, sobre un ingreso conjunto de 8.700 millones. Todo esto, sostiene Castro citando a Pablo Gerchunoff desató una huida generalizada de la moneda doméstica hacia el dólar, cuya cotización creció 25 veces en apenas 6 meses, agregando que la Argentina es el único caso en el mundo en que una hiperinflación no es el resultado de una guerra civil o de una invasión extranjera.

Podría seguir consignando datos negativos sobre la situación económica y social existente a julio de 1989, cuando Carlos Menem asumió la presidencia de la Nación, pero considero suficiente consignar lo afirmado por Adolfo Canitrot Subsecretario de Economía del Gobierno del Presidente Alfonsín, cuyo testimonio es valioso por esa circunstancia y que expresara en el diario Ámbito Financiero del 26 de mayo de 1989: “Este proceso explotó en el desastre del 6 de febrero. Allí todas las defensas fueron superadas. A partir de entonces, es un proceso de destrucción del Estado. Estamos en un Estado de emergencia y hay que asumirlo como tal”. Agregando más adelante: “El peronismo se va a encontrar con que llega al poder en una situación inmanejable. Va a encontrar la casa destruida”. Manifestando luego: “Nosotros tuvimos enormes dificultades en el manejo del Estado. Deberíamos haber percibido que teníamos poco tiempo para arreglar las cuentas fiscales”. Agregando: “Alguien me puede decir si no es un poco ingenuo pensar que uno va a tener tanto poder como para arreglar el sector público. Pero si no lo hace la situación se vuelve inmanejable”. Concluyendo: “También ellos –hablando del peronismo- tendrán que adecuar sus teorías a la .realidad. Nosotros tuvimos tiempo para aprender. Ellos no lo tendrán”.

No podía extrañar entonces que en su discurso de asunción, el Presidente Menem coincidiera en alguna medida con las palabras de Canitrot, al expresar: “El país está quebrado, devastado, destruido, arrasado. El legado que estamos recibiendo es el de una brasa ardiendo entre las manos. El de una realidad que quema, que lacera, que mortifica, que acosa, que urge solucionar

Corresponde aclarar que las precedentes opiniones y datos sobre la crisis de 1989, no significa ataque alguno a la persona del Presidente Raúl Alfonsín, cuyo aporte en favor de la democracia fue indiscutible, pero la política económica de su gobierno llevó al desastre de 1989 antes descripto.

 

  1. Las principales medidas y acciones del gobierno del Presidente Menem

En la plataforma electoral del Partido Justicialista de 1989 estaban esbozadas las políticas que se iban a aplicar en caso de acceder al gobierno, sobre todo en cuanto al rol que tenía que cumplir el Estado en la economía, de modo tal que nadie podría objetar cuando en su momento se cumpliera con las mismas.

En la página 179 de dicha plataforma, al hablar de la reforma del estado como democratización de poder, se dice: “Sin una profunda reforma del Estado, sin devolverle a la sociedad funciones y estructuras de las que fue injustamente despojada por el Estado, no será posible la revolución productiva ni la consolidación política de una democracia plena de justicia social”.

En la página 180 se expresa: “No se trata del Estado-Nación ni siquiera del Estado como institución del poder de la sociedad; lo que se instaló en la nueva problemática argentina es la cuestión del ‘aparato’ del Estado: la estructura de servicios administrativos y las empresas públicas, y su comportamiento en el largo plazo como actor político y económico directo o indirecto o indirecto”.

Y en la página 184: “Se redefinirá el rol del Estado para descomprimir el sector público de actividades y funciones que no hacen a su accionar esencial y fortalecer al mismo tiempo sus finalidades sociales”.       
Y por último en la página 187 de la misma plataforma se expresaba que: “resentida la capacidad del Estado como actor central del proceso de acumulación de capital, corresponde impulsar un nuevo proceso que defina con precisión qué servicios y qué áreas geográficas deberán ser cubiertas por la actividad de las empresas públicas y qué servicios pueden ser cumplidos con eficiencia por la actividad privada”.

El esquema de un programa de gobierno contenido en la plataforma electoral del Partido Justicialista y las medidas que se habían previsto para ponerlo en marcha después del 10 de diciembre de 1989, es decir una vez que el Presidente Menem asumiera sus funciones, pero tuvieron que ser ejecutadas apresuradamente a raíz de la renuncia anticipada del Presidente Alfonsín.

El marco legal de las reformas de los 90 estuvo basado principalmente por medio de la ley 23.696 sancionada el 17/9/89 de Reforma del Estado y Reestructuración de Empresas Públicas y la ley 23.697 sancionada el 1°/9/89 de Emergencia Económica, a las que se sumaron posteriormente otras leyes para concretar el ordenamiento del Estado y realizar la privatización de las empresas públicas. Por cierto excede a este espacio la enunciación de todas las normas legales dictadas para ejecutar las reformas, pero sí quiero manifestar, para responder a las falsedades que se dijeron al respecto que “todas las privatizaciones se hicieron previo dictado de las leyes que las autorizaron” Es decir que “ninguna se hizo por decreto del Poder Ejecutivo como afirmaron con mala fe algunos opositores a las reformas”.

Asimismo corresponde señalar que las reformas de los 90, además de estar previstas en la plataforma electoral, respondieron a la grave situación que se vivía en el país y que para superarla no había otro camino que el  seguido por el gobierno justicialista. Como lo expresara en mi discurso como miembro informante de la antes citada ley 23.696 en el Senado de la Nación, recordando conceptos del Presidente Perón en el sentido de que: “la intervención del Estado en la sociedad no es una verdad dogmática sino que es una definición contingente a cada  momento que se vive”.  Pero como lo aclaraba el Presidente Menem en su discurso de asunción el 8 de julio de 1989: “seremos pragmáticos sin hacer del pragmatismo una ideología. Seremos realistas sin hacer del realismo un dogma. Seremos sensatos sin olvidar que el desarrollo es el verdadero nombre de la paz”.

Las profundas reformas de 1os 90, no obedecieron a ninguna receta ideológica ni a un plan abstracto formulado en un gabinete, sino que atendieron a la cruda realidad que sufría el pueblo argentino como consecuencia del deterioro económico y social provocado por el flagelo de la hiperinflación. Por eso, como bien lo afirma Castro, en su obra anteriormente citada: “la idea de que lo ocurrido en la Argentina fue la aplicación del denominado Consenso de Washington sería risible si no fuera patética”.

 V.-Lo que los detractores y “desmemoriados” no quieren reconocer

Además de los datos sobre el crecimiento del país que más abajo se citan, algunos desmemoriados selectivos o de mala fe, omiten de mencionar, entre muchas otras cosas:

-Que el gobierno del Presidente Menem terminó e inauguró el edificio de la Biblioteca Nacional, después de 30 años en que se había empezado a construir. Se sancionaron las leyes promoción del cine, del teatro y del libro. Se creó el Centro Cultural Borges en las Galerías Pacífico. Se sancionaron la ley federal de educación y la ley de educación superior.

-Que su política exterior fue la más exitosa desde la recuperación de la democracia, terminando definitivamente los conflictos de límites con Chile. Se suscribió el Tratado de Asunción creando el Mercosur, que hizo entrar a la Argentina en el G20. Junto con los países del Mercosur suscribió en 1995 el Tratado Marco para la integración con la Unión Europea. Además tuvo un gran protagonismo en el orden internacional a través de la participación de tropas argentinas integrando los Cascos Azules de la ONU en las zonas conflictivas en distintas partes del mundo y con la iniciativa de creación de los Cascos Blancos aprobada por dicho organismo internacional.

– Que después de muchos años de desorden administrativo y de fracasos, terminó la represa de Yacyretá, constituyendo una de las principales fuentes de  aportes de energía eléctrica a nuestro país,

-Que se construyeron o repararon aproximadamente 10.000 kilómetros de rutas en todo el país, incluyendo además los accesos a la Capital Federal, entre ellos el Acceso Norte que tuvo repercusión porque el Intendente de Vicente López se encadenó a un árbol para impedir la obra argumentando que atentaba contra el medio ambiente.

– Se creó la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) como organismo competente para entender, diseñar, ejecutar, controlar, gestionar y administrar proyectos, actividades y emprendimientos en materia espacial en todo el ámbito de la República Hizo poner en órbita los satélites de investigaciones SAC-A en 1998 y SAC-B en 1996

– Por último hay que recordar que a raíz de la política del diálogo permanente y del clima democrático que se vivía en la gobierno del Presidente, fue posible realizar la reforma constitucional más amplia y legítima de la historia argentina, lográndose una Constitución Nacional moderna, que posibilita una mayor eficiencia en el funcionamiento del Estado y la protección y garantía plena de los derechos humanos. En la Constitución reformada en 1994 se incorporaron el Defensor del Pueblo y  la Auditoría General de Nación, como organismos de control que refuerzan el principio republicano de gobierno.

 

VI.- Algunos datos sobre el resultado de las reformas

Nos referiremos sintéticamente a algunos de los aspectos puntuales de la economía, comparando los datos de 1989, cuando el Presidente Menem asumió

1) Producción agrícola: De 16.339.000 (Tn) de cereales en 1988/1989 a 31.837000 en 1998/1999. De 10.324.000 (Tn) de oleaginosas en 1988/1989 a 27.537.000 en 1998/1999. Producción lechera: De 6.000 millones de litros en 1989 a 10.312 millones de litros en 1999.

2) Generación de energía eléctrica: 46,4 millones de Mwh a 73,2 millones (50% de incremento)

3) Producción de petróleo: e 27 millones de metros cúbicos en 1989 a  46 millones de metros cúbicos en 1999

4) Producción de gas natural: de 18.991 millones de metros cúbicos en 1989 a 30.157000 millones de metros cúbicos).

5) Redes de distribución de gas natural: 50.401 kms. a 101.569 kms.  (101,5% de aumento)

6) Construcción: creció 141% entre 1991 y 1998

7) Viviendas: 400.000 por el FONAVI

8) Hogares bajo la línea de  pobreza (GBA): 1989: 38,9%; 1994: 12%; 1999: 18,9%;  2002: 42,3

9) Evolución del PBI industrial: Crecimiento acumulado: 1990-1999, 49,9%; crecimiento acumulado: 1980-1988, -8,7%

10) Evolución de la inversión bruta total (construcción + maquinaria y equipos): Crecimiento acumulado 1990-1998: 202,3%; crecimiento acumulado 1980-1988: -31,9 %9)

11) Evolución de la inversión en maquinaria y equipo. Crecimiento acumulado 1990-1998: 361,8 %; crecimiento acumulado 1980-1988: -41,1 %.

12) Evolución de las exportaciones totales. Crecimiento acumulado: 1990-1998: 112,9%; crecimiento acumulado: 1980-1988: 13,2%

13) Evolución de las exportaciones industriales. Crecimiento acumulado 1990-1998: 119%; crecimiento acumulado 1980-1988: 44,6%.

14) Líneas telefónicas: de 3.086.694 en 1989 a 7.109.468

15) Celulares: de 15.000 en 1989 a 3.861.529 en 1999

16) Producción de automotores: de 128.000 en 1989 a 458.000 en 1998

 

[1] Castro Jorge, “La gran década”, del Abismo al crecimiento, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, año 2000.

Por Eduardo Menem.